5.27.2012

Impasables

Que sea tu decisión
entonces,
porque ya no consigo motivos para seguir distante.
Que seas tú quien se vaya,
mientras yo muero,
mientras muero.
Porque sabes que muero.
Entre tanta basura de palabras,
incrédula
y es por el pasado.
Deberías entenderlo, porque no es justo el cargamento de culpas
aunque no seamos competencia.
Deberías darte cuenta
y unir si me dices,
si me sientes,
si me amas.
Unirlo con lo que haces,
con los besos,
con los golpes.
Unirte a ti,
para que me adhieras a tu vida.
Que sea yo quien me aleje, porque ya no te alcanzo
porque me rindo. Aunque siga presente.

Que seas tú quien se vaya,
aunque no puedas.
Aunque no quieras.

4.23.2012

Tristeza

Tengo los ojos cansados,
tristes,
secos.
La sonrisa -a veces- fingida y las marcas de los besos
que no me das con ganas
con fuerzas.
Que son costumbre y queman.
Que me queman.

Mi amor tengo -dura- la esperanza
derritiéndose.
Y la cera está tocándome las palmas de las manos.
Masoquista
-tú- yo
desde hace años.

Entiende un poco
que me salen hematomas
verdes,
moradas,
invisibles
en el alma.
Pero por tenerte no me importa
ni las cremas que tanto odio,
ni los consejos que escucho nunca.
Ni que tenga que irme cuando no quiero.
Y es porque no quiero.
¿Entiendes?
Que yo callo mientras hables
mientras grites
no
que me devuelvo a cometer errores.
Yo callo aunque sea falso,
aunque me escuches los sentidos,
el carácter.
Aunque nos pese este futuro ya en los pies
y en los ojos
cansados,
tristes
y secos
Secos de ti.

4.17.2012

Terminaciones

Medir las palabras
con una regla,
de a milímetros,
para que no me duelan más.
Que no hieran los conductos
tus conductas,
y abran cicatrices que yo creía cerradas.
Que no quemen cual colillas de cigarros
mis labios
rojos o
rotos,
o limpios y listos para ti.

Porque ya me arden las ganas de irme.
Acabar con todo lo que sueño
a tu lado
y sin ti.
Cerrar el ciclo,
dejarnos de jugar a los intentos
y entender que no funciona.
Que no funciona.
Borrar las letras de bombas nucleares,
por la tecnología que apremia
la vulgaridad de tu crianza,
la soberbia y la patanería
y mi estupidez
la de aceptarte todo con tal de que me creas.
Aunque sean mentiras,
aunque no.

Y calmarte,
con las manos en mi cara
para que no me veas así
como llorándote hasta el nombre.
Para que no salpiquen los errores
-otra vez-
este presente que se acaba al instante
y nuestro futuro que no existe pura culpa.